viernes, 11 de julio de 2014

La magia de Icaro

Polyommatus icarus.-

Icaro Pertence a la familia de los Licaones, ese nombre viene derivado de aquel Rey del peloponeso que fue transformado en lobo por Zeus y se le permitía volver a su forma humana cada diez años siempre y cuando no se hubiese zampado antes alguno de nuestra especie....  Quizá esa facilidad que tienen las hadas diminutas en transformarse en estas bellas mariposas, sea la que ha inspirado el nombre de la familia.



¿Y porqué Icaro?

Icaro era hijo de Dédalo, quizá algunos no os diga nada el nombre de su padre, pero el famoso laberinto del Rey Minos había sido obra suya... eso a mis ojos, no demuestra nada, solo que era un chapucero que improvisaba al paso... como hoy en día sus coetáneos. Pero en aquella época era algo así como esas mentes privilegiadas que desarrollan los monumentos inútiles que tanto impresionan al vulgo y ufanan a gobernantes... de aquella igual, por eso el Rey Minos no le pagaba un céntimo y tampoco lo dejaba abandonar la empresa.

Así que planeó escapar, para ello construyó unas alas con cera y plumas y tanto el como su hijo decidieron dejar esa isla que se había convertido en un agobiante prisión, partiendo en busca de fortuna. Icaro sintió que las alas eran parte de su cuerpo y dominando el aire, ascendió tan alto que el sol las derritió, abocando su caída, en un drástico golpe de humildad...  como nadie se creyó la historia, no hubo reclamación de responsabilidades.

¿Que era Icaro?

Icaro era bello y presumido.



Te miraba de frente sin reparos, porque en su inocencia nada tenía que ocultar.


Era alegre y divertido, posesivo y mimado, como es todo hijo al que sus padres aman más que a su propia vida.



Era eso y mucho más, así descubrimos que nuestro pequeño lobito con alas, se llama Icaro porque el nombre le viene al pelo, o a la escama...quiero decir de ese pequeño de mal genio. Su cuerpecito peludo es adornado con unas bellímas alas "de mosca de mantequilla", como diría un anglófono.



Así, nuestro azul amigo que en su reverso recuerda a los cielos surcados por su antepasado, establece un territorio extenso por donde deambular esperando a su amada... porque a ciencia cierta sabe que llegará.

En sus quehaceres diarios nunca está exento de peligros, quizá aquellos que el ojo no ve puedan ser realmente letales... por eso tarda tanto en posarse, por eso vuela y revuela antes de dejar el aire, porque le va la vida en ello... el caso es que sus enemigos también saben ser invisibles.



Para esperar a su amada es un buen truco, formar un reino en una mata de toxos, porque nuestra princesa, sabrá que cayendo en las redes del amor, puede asegurar el futuro de sus vástagos.



El que piensa y estudia, siempre saca partido de lo aprendido, así, el idilio pasional llega a buen término, en ese encuentro soñado.



Tanto luchar, tantas aventuras recorridas, tanta valentía desprendida en pos de un amor de leyenda y cuando este llega no se le mira ni a la cara.. y sin embargo no se reniega de la belleza del enlace.



Tas esta apasionante historia de amor, nuestro príncipe alado volverá a mostrar su belleza ante las nuevas princesas que visiten su reino.



En tanto que la dama, hacendosa ella, irá colocando a su prole en el lugar correcto de aquella planta que le servirá como alimento.



 Es bien cierto que entre las hojas del Toxo quedan salvaguardados aquellos huevos de los que saldrá una pequeña oruga, de la que quizá hablaremos un día.



Las Orugas de Icaro no solo se alimentan de Toxo, sino de multitud de fabaceas, trifolium, astragalus etc, etc.

Despreocupadamente y mientras se juega al viento con las semillas de una gramínea, se ve pasar el tiempo y se disfruta la vida que el destino nos aporta.



 Entretanto en ella perdura el encanto de las hadas más bellas!!!.



Un saludo desde donde nacen las nubes....



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